Logo

#AhoraSuena:
mx-sw

Rebel Chai-Rin volaba complacido en su X-Wing “tuneado”, tras haber cumplido su misión. Su sable de luz había terminado con la vida de dos oscuros agentes Sith en las fronteras del Anillo Exterior de la Galaxia. En su camino de regreso a Coruscant, donde esperaba reunirse con el Consejo Jedi, había decidido relajarse y tratar de descansar; aquellos Sith habían sido muy bien entrenados y había tenido que hacer acopio de toda su fuerza y concentración para vencerlos. La cabina de su nave reproducía ahora una música tranquila que terminó por hacerlo bajar la guardia, y cedió el control de la navegación a su droide estelar, RT-Piteño. Cuando le fue asignado como su compañero, Chai-Rin había notado una placa en la parte inferior de su droide, pero nunca pensó en su relevancia, o en su procedencia. La placa rezaba “Made in México”. Muy pronto comprobaría qué significado encerraba esa leyenda.

El Caballero Jedi despertó sobresaltado cuando RT-Piteño le anunció que salían de la velocidad luz y se acercaban a su destino. Chai-Rin comprendió que algo andaba mal cuando en lugar de observar al enorme planeta de Coruscant, vio ante sí un pequeño planeta azul con una sola luna en su órbita. El droide había trazado la ruta directamente a una región denominada México. El nombre resonó en su mente y entonces entendió: su droide se las había ingeniado para regresar a su lugar de origen. Lejos de sentirse molesto, el Jedi sintió una gran curiosidad. Sería interesante conocer ese lugar. ¿O no?, el Lado Oscuro ocultaba de algún modo la suerte que correría ahí, y parecía extenderse en el destino que gobernaba a los habitantes.

Durante los siguientes días, Rebel Chai-Rin recorrió el territorio completo de México. Entendió que se trataba de “un país” dividido en diferentes regiones. Se sintió abrumado por la belleza natural y la cantidad de recursos que tenían los mexicanos; se conmovió con la fortaleza y compromiso con que muchos de ellos afrontaban sus carencias diarias. México era un lugar terriblemente atrasado en cuanto a tecnología, y la poca que tenían parecía enfocada únicamente a la comunicación y el entretenimiento. No entendió que, siendo seres humanos pensantes, no hayan intentado revertir su huella ecológica en su entorno: sus niveles de contaminación eran alarmantes, y sus principales centros de investigación no habían logrado resolver el problema de la falta de alimentos nutritivos para la población menos favorecida. Entendió finalmente la fuente del problema en general: el gobierno de México. A pesar de tratarse de una Democracia, el sistema político parecía creado para perpetuar el control del poder en una pequeña élite, pobremente capacitada para gobernar y cuyo interés nunca rebasaba su propia comodidad, mientras toda la población se debatía entre la subsistencia y la muerte día con día. El control de los gobernadores regionales parecía aún peor: casos de corrupción y clara participación en asesinatos de civiles que se atrevían a protestar. Era difícil de creer y por ello resultaba inadmisible. Su primigenio compromiso con la verdad y la justicia lo hizo crispar sus puños; decidió que tenía que hacer algo por los mexicanos.

Después de una breve investigación, supo que existía un gobernante supremo, un “Presidente” llamado Enrique Peña Nieto. Sin embargo, entendió que deshacerse de él no arreglaría nada. Se trataba de un gobernante con poca inteligencia y nulo carisma, pero que representaba al verdadero poder: el PRI. Tendría que derrumbar toda la institución política de un solo golpe; demasiado para un solo Caballero Jedi. Aún así lo intentaría. Inició su camino justiciero.

Primero se enfrentó ante 200 ganaderos, combatientes torpes y obsesos que no soportaron la furia del Caballero. Después, Peña Nieto mandó tres batallones del Ejército y la Marina, quienes lograron contener brevemente el avance de Chai-Rin. No lo suficiente. Entonces Peña Nieto quiso negociar, declaró que estaban honrados de recibir al “primer sacerdote venusino” en México, y le ofrecía un recorrido diplomático por el país, quizá un puesto en su gabinete, o ¿no querría deponer su arma y ayudar mejor a mantener el orden público?

El Jedi no accedió a ninguna de las ofertas del Gobierno mexicano. Sin embargo, aceptó entablar un diálogo que buscara establecer términos de paz y de justicia. Durante las negociaciones, el gabinete de Peña logró drogarlo y robarle su sable de luz (después se enteró que nunca supieron hacerlo funcionar), despertó en una celda de la que pudo escapar utilizando la técnica de control mental, pero cuando quiso huir del planeta descubrió que su droide había vendido su X-Wing como chatarra, y que ahora era el líder de una célula de asaltantes y piratas en un barrio peligroso denominado Tepito.

Rebel Chai-Rin había sido vencido. Sin posibilidad de abandonar el planeta, optó por el exilio en un convento de Carmelitas Descalzas, a quienes comenzó secretamente a entrenar en las artes de la Fuerza. Sonrió al final: había sido capaz de vencer a dos Agentes Sith altamente peligrosos, pero sucumbió ante el sutil arte de la política corrupta del PRI. El Lado Oscuro era fuerte en México. Maldijo el día que conoció a RT-Piteño: “pinche robot de mierda”.


 por Carlos Freeman: @caufree
(Un Hombre Libre)


Info